CLASE LETAL Volúmenes 1 a 7

  • Título: Clase Letal Volúmenes 1 a 7.
  • Edición original: Deadly Class #1-35 USA (Giant Generator/Image Comics, 2014-18).
  • Edición nacional más recienteNorma Editorial (siete primeros volúmenes, rústica, 2015-19).
  • Argumento y guiónRick Remender.
  • Dibujo y entintadoWes Craig.
  • ColorLee Loughridge (Deadly Class #1-14) y Jordan Boyd (Deadly Class #15-35).
  • Género: Thriller, acción, drama juvenil.

“Se preguntan por qué he dejado que me pasara esto.

Piensan que debo ser débil.

No les cabe en la cabeza que ellos podrían acabar así.”

Al igual que en mi anterior reseña – ¿cómo? ¿aún no has leído mi artículo dedicado a The Umbrella Academy? ¿A que estás esperando insensatx? – el motivo principal que me ha llevado a realizar una re-lectura de los tomos publicados en castellano hasta la fecha de esta serie, fue el de refrescar mi memoria de cara al visionado de su adaptación televisiva.

Y bien ha valido la pena, pues es la primera ocasión que he tenido de disfrutar de estos tebeos del tirón, sin tener que esperar a su publicación, que varía entre uno y dos tomos al año. Una edición a cargo de Norma Editorial que, en el momento en que escribo estas líneas, ha alcanzado a la original de Image Comics. Esto es, siete volúmenes, en rústica. No por ello carentes de su correspondiente ración de extras: portadas alternativas, bocetos de páginas, una introducción de David Lapham o un epílogo del propio Rick Remender.

El guionista californiano es precisamente la razón por la que me acerqué a Clase Letal (Deadly Class) en primer lugar, una de las creaciones propias que actualmente ha englobado bajo su propio sello, Giant Generator. Me tenía ganado con su faceta de escritor gracias a obras como Fear Agent, The Last Days of American Crime, sus Imposibles X-Force (Uncanny X-Force) para Marvel o las contemporáneas Ciencia Oscura (Black Science) y Low. Sin embargo aquí se mueve lejos del género de la ciencia-ficción, donde opino que suele encontrarse más a gusto y dar lo mejor de sí.

¿Qué es clase Clase Letal pues? Veamos, una historia ambientada en la California de finales de los años 80 del pasado siglo, en plena era Reagan. Cuyo narrador y principal protagonista es un joven e inadaptado adolescente huérfano, inmigrante nicaragüense y sin techo. El yerno soñado por Trump, vamos. Pero todo cambiará para Marcus López Argüello, así se llama el chaval, cuando termine dando con su trasero en la Escuela de Artes Letales Kings Dominion. Una academia muy secreta y selecta donde forman a los mejores (o peores, según se mire) asesinos del planeta.

Dicho así podría parecer una propuesta hecha a Quentin Tarantino y Robert Rodríguez para que dirigieran Salvados por la Campana. Pues tenemos un joven reparto protagonista encerrado en un instituto donde en lugar de Historia, Matemáticas o Física y Química enseñan Psicología Asesina, Decapitación o Venenos y las tribus urbanas son sustituidas por clanes mafiosos y organizaciones criminales de todo el globo. El resultado en forma de sangre, vísceras, balas, sexo, drogas y ninjas creo que habría sido parecido.

Detrás de todo ello, se esconde una historia con ligeros tintes autobiográficos. La lucha de un adolescente por encajar en un mundo que parece estar en su contra y encontrar la verdadera amistad y el amor. Un tema con el que resulta muy fácil empatizar y sentirse identificado. Quizás sea ésta una de las claves por lo que resulte tan adictiva. Y es que, tras un arranque más bien lento con el inicial Una Juventud Reagan – por otra parte lógico pues nos deben introducir todos los conceptos que conformarán la serie – la cosa se acelera como en una montaña rusa con la segunda entrega, Los Niños del Agujero Negro.

A este tomo le siguen Nido de Víboras, Muere por Mí, Carrusel, Esto No es el Final y Amor Como Sangre. Cada uno de ellos representa una descarga adrenalítica mayor a la anterior entrega, que termina con un cliffhanger que te deja con cara de tonto y un mono gigante de más droga de la buena, por favor. Y es que otra de las virtudes que demuestra Remender, es la creación de unos personajes altamente atractivos por su humanidad. Desde el primer momento te enganchan y no puedes evitar querer saber más sobre qué les deparará el curso a Marcus y sus amistades: Saya, Willie, María, Billy, Petra, Lex… incluso a los abusones como Viktor y Chico o los empollones como Shabnam y Grogda. Todos ellos meras marionetas en los maquiavélicos planes del profesorado y su siniestro director, el Maestro Lin.

Uno de los recursos que utiliza el guionista para lograr esto, es la ambientación histórica mediante el uso de referencias a la cultura popular de la época como el skate, los cómics y, por supuesto, la música. Punk, rock, pop, heavy… desfilan como una muda y espléndida banda sonora que además cumple la doble función de interiorizar y dar profundidad a cada uno de los personajes que se presentan según avanza la trama. Pues ¿acaso no es la música que elegimos escuchar uno de los primeros rasgos de madurez que definen nuestra personalidad adulta?

Pero sería injusto darle todo el mérito al guionista. Es más, si hay un responsable de que siguiera con la serie tras el primer tomo, ése es el dibujo. Tras la lectura del primer volumen recuerdo pensar ¿quién es este Wes Craig y dónde ha estado escondido hasta ahora? En serio, es un soplo de aire fresco surgido del frío Canadá. Su estilo aúna una dinámica narración digna de animación – como se puede comprobar en alguna escena de la serie televisiva – y un magistral e impactante uso de la composición de página digno de los maestros del cómic de acción de los ’80. No es de extrañar que la última entrega, por ahora, incluya un pequeño gran homenaje a Frank Miller.

La parte gráfica es responsable de reproducir de manera creíble y fidedigna el San Francisco de 1.987-88. Aquí el arte del canadiense cuenta como principal aliado con el color difuminado de Lee Loughridge que crea la atmósfera retro perfecta. A la mitad del tercer tomo se ve relevado por Jordan Boyd, con una paleta más definida y contrastada que beneficia en especial a las escenas de acción. Es una fortuna tener que cambiar de colorista y encontrar uno que iguale y mantenga el nivel del anterior. Pero resulta un auténtico lujo que la labor de ambos destaque aún más los lápices y tintas de Craig.

En cuanto a su adaptación televisiva, opino lo mismo que con The Umbrella Academy. Pese a algún ligero cambio argumental y alguna divergencia en algún personaje, esta primera temporada sabe captar la esencia y el espíritu de los dos primeros tomos recopilatorios. Tristemente, durante las semanas que han pasado hasta que he sido capaz de reunir el tiempo libre suficiente para escribir esta reseña, llegó la noticia de su cancelación por parte de la cadena SyFy. Y, aún más recientemente, el propio Remender ha descartado la posibilidad de un cambio de plataforma, por lo que no habrá una segunda temporada.

Pero esto no tiene que ser un impedimento para disfrutar de esta obra, todo lo contrario. Si os ha gustado la serie de televisión, aquí podréis saber cómo continúa. Si en cambio no habéis visto la serie y estáis desperdiciando vuestra vida sin leer este tebeo, una de las obras más personales y extensas de Rick Remender con el explosivo dibujo de Wes Craig, podéis ignorar esta reseña… o darle un tiento y acabar irremediablemente atrapados en los tenebrosos pasillos de Kings Dominion esperando que suene la campana para salir de clase.

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