THE FADE OUT

  • sfade001_0Título: The Fade Out.
  • Edición original: The Fade Out #1-12 USA (Image Comics, 2014-16).
  • Edición nacional más reciente: Panini Comics (Evolution Comics, color, cartoné, 2018).
  • Argumento y guión: Ed Brubaker.
  • Dibujo y entintado: Sean Phillips.
  • Color: Elizabeth Breitweiser.
  • Género: Noir.

 

 

“- ¿Por qué cojones nunca habías mencionado que eras colega de Clark Gable?

– Pues… se me debió de pasar…

– Joder, Chuck… a lo mejor no deberías beber tanto.

– Iba a decir justo lo contrario…”

El dúo formado por el guionista Ed Brubaker y el artista británico Sean Phillips lleva años colaborando y ofreciendo trabajos de calidad (Sleeper, Criminal, Incógnito, Fatale, Kill or be Killed…), moviéndose principalmente en el noir. Y se podría decir que son los máximos responsables de recuperar el género para el formato del comic-book estadounidense, con el permiso de Frank Miller y su Sin City o de los primeros trabajos de Brian Michael Bendis. O al menos, de hacerlo con éxito.

Como es habitual, cuando alguna obra o su/s autor/es gozan de este reconocimiento por parte de la crítica y los aficionados, siempre surgen voces discordantes o más críticas. En el caso de esta pareja, se les suele acusar de conformismo y encasillamento. Yo no comparto totalmente esta opinión, si bien es cierto que todos sus trabajos tienen un denominador común, esto no tiene por que ser inherentemente negativo. Más bien se trata de la  peculiaridad y firma distintiva del binomio Brubaker+Phillips, una suma única y mayor que sus partes por separado. Y que casi resulta ya indivisible y se citan de carrerilla como si se tratase de una delantera mítica de un equipo de fútbol, como sucede con Lee+Kirby o nuestros Abulí+Bernet, por poner algún ejemplo.

Pese a este factor común, la pareja desarrolla una variante temática en cada obra. Y en el caso que nos ocupa lo hallamos en que han realizado un neo-noir con regusto a clásico, ambientándolo en el Hollywood de finales de lo ’40, en plena posguerra y el inicio del macarthismo. Con un asesinato que nos promete destapar los trapos sucios de las productoras cinematográficas de la época.

En un principio, con dicha sinopsis, me vinieron a la cabeza películas como L.A. Confidential, Mullholland Falls, The Two Jakes o la miniserie Mob City. Pero hay un importante factor que la diferencia de éstas, pues si en esas obras de la gran y pequeña pantalla el protagonista suele ser un detective privado, un policía o ex-agente de la ley o similar, en The Fade Out nos metemos en la piel de Charlie Parish, un guionista con estrés postraumático y aficionado a la bebida.

El motivo de esta elección nos la desvela el propio Brubaker en la introducción, en la que nos hace conocedores de que su amplio interés por el tema es debido en gran parte a que su tío, John Paxton, era guionista de cine y la mujer de éste, Sarah Jane, relaciones públicas en 20th Century Fox, en la misma época. Si a esto le sumamos más de dos años de documentación, no nos debe sorpender que el resultado sea uno de los mejores cómics del género de la última década. No en vano se llevó el premio Eisner a la mejor serie limitada en 2016.

Tenemos sexo, alcohol, caza de brujas, peleas y secretos, muchos secretos. Todo ello sazonado con rostros familiares y algún que otro personaje verdadero, como Clark Gable, Humphrey Bogart, Ronnie Reagan o Dashiell Hammett. Que salpimentan algunas páginas con el objetivo de situarnos mejor en el contexto histórico y como homenaje, no para robar el protagonismo. Éste último recae en Parish y en todos los conocidos que orbitan a su alrededor. Y, a pesar de ver como se va ahogando cada vez más en un callejón sin salida – como buen antihéroe de novela negra que se precie – , no podemos evitar seguir devorando página tras página para conocer el que se preveé a todas luces, un fatídico desenlace.

Sería injusto no comentar el excelente trabajo que realiza Elizabeth Breitweiser. Usando su paleta de colores no sólo logra ayudar a ubicarnos histórica y geográficamente en la historia. Con sus tonalidades, en ocasiones más aguadas casi como acuarelas, en otras más oscuras o expresamente desenfocadas, nos logra meter en la piel del protagonista transmitiendo su ebriedad, angustia, ira o vergüenza, según lo que el momento requiera.

En cuanto a la edición, Panini Comics me ha sorprendido gratamente publicándolo directamente en un integral. Con todos los extras, que incluyen los artículos de Devan Faraci y sus respectivas ilustraciones (una de ellas firmada por Jacob Phillips, hijo de Sean) y en formato deluxe americano, es decir, en cartoné y a tamaño de página ligeramente superior.

En definitiva estamos ante una magnífica oda al género negro, influenciada por autores como Hammett o Ellroy, que no sólo satisfará a los seguidores de la obra de sus autores, si no a los amantes del policíaco del bueno, del añejo.

 

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